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Entrevista a Gabriel Jackson. Matías Vallés

arcoatlantico | 25 Marzo, 2007 21:53

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Entrevista a Gabriel Jackson

Entrevista a Gabriel Jackson.

Matías Vallés

GABRIEL JACKSON - "JUAN NEGRIN, EL ESTADISTA DESCONOCIDO DE LA REPUBLICA ESPAÑOLA"
´El vocabulario insultante de la derecha recuerda a los años treinta´
Gabriel Jackson, que habla el miércoles en el Club, sitúa "a los responsables del PP al borde de la locura"

MATÍAS VALLÉS.
Diario de Mallorca, domingo 25 de marzo de 2007


Gabriel Jackson en su piso barcelonés, en las proximidades del Parc Güell. Foto Diario de Mallorca

"No permitiré que Bush destruya el amor que siento por mi país natal".

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-¿Advierte usted ecos de los años treinta en la España actual?
-Hay muchos ecos en el ambiente y en el vocabulario insultante de la derecha, pero no en la situación de hecho. España disfruta de una gran prosperidad, inmersa en una Unión Europea democrática y que no padece la oleada de fascismos de entonces.

-Zapatero se comporta a menudo como un republicano radical.

-Sí, sus leyes sociales participan del espíritu de la República. Sus ideales y su política me hacen pensar en Azaña y en Indalecio Prieto, aunque no su persona. No es un intelectual como el primero, ni un gran orador como el segundo.

-¿Cómo se consigue cautivar con la simbología franquista a jóvenes que no conocieron a Franco?

-España posee una tradición secular de gobiernos autoritarios. La izquierda sólo gobernó durante dos años en la República, y con Felipe González. Se propaga así la leyenda de que los españoles necesitan mano dura, una intuición que ahora difunden la Iglesia y el PP.

-¿Cómo se familiarizó usted con el latiguillo de la "mano dura"?

-Lo escuché con frecuencia en los años sesenta, cuando vine a España como estudiante. No se suele atribuir mucho sentido del humor a Franco, pero lo ejercita cuando declara a un periodista inglés que "no es difícil gobernar España". En efecto, no es difícil cuando has matado a tanta gente.

-¿Por qué necesitamos que nos expliquen nuestra historia desde fuera?

-No es necesario ahora, pero lo era en la dictadura. Franco permanece cuarenta años en el poder, más que ningún otro dictador europeo. Hitler sólo duró doce años. El franquismo deseaba transmitir la idea de apertura, y nos permitió consultar archivos vedados a los historiadores españoles.

-¿Equipara a Hitler y Franco? Hay historiadores que rebajan el franquismo a un autoritarismo, un fascismo suavizado.

-No era más suave, sino más racional. Hitler enloqueció, sobre todo en sus últimos años. Franco no estaba loco, mató al menos a 150 mil personas y no tiene la excusa de una Guerra Mundial.

-¿Cómo juzga la figura del dictador?

-Franco es un hombre fascinante, un político astuto pese a su mediocridad intelectual. Al margen de su increíble crueldad y de su frialdad sobre la vida humana, hubiera tenido éxito en tiempo de paz.

-¿Puede desligarse a un gobernante de sus crímenes, como hace usted con Franco?

-Si hubiera sido un político en la línea de Gil Robles, hubiera triunfado. Sabía manipular y utilizar a las personas, no tenía necesidad de encarcelar a tanta gente.
 -¿Por qué ha elegido a Negrín para su conferencia del miércoles en el Club?
-Porque estoy trabajando en él, y porque es un estadista poco apreciado. Se ha acumulado tanta porquería sobre él en setenta años, que el resultado sorprenderá.

-¿Cuál es la mayor mentira que se ha contado sobre Negrín?

-Que era comunista, o un compañero de viaje. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto Churchill como Roosevelt alabaron más a Stalin que Negrín en toda su vida.

-¿El impacto de la figura de Azaña ha oscurecido a Negrín?

-Azaña es mucho más simpático para los conservadores, porque en la primera semana de hostilidades da por perdida la guerra. Negrín resiste.

-¿Azaña era más pesimista o mejor analista que Negrín?

-Era pesimista, pero su discurso cuenta con una sutileza psicológica. Negrín tenía una gran inteligencia, pero también una mayor voluntad personal. Era menos equilibrado a la hora de juzgar una situación compleja, pero más combativo. Azaña no lucha, sólo es una figura trágica.

-¿Qué pensó cuando, en su primera legislatura, Aznar se proclamó depositario de las esencia azañistas?

-Confiaba en que sería cierto, y el primer mandato de Aznar fue moderado y decente. Estas virtudes se perdieron con la mayoría absoluta. Hoy, los responsables del PP están al borde de la locura.

-¿El PP no ha asumido la derrota del 14-M, por retomar el tópico?

-Su comportamiento se corresponde con una intuición de siglos. La derrota es inaceptable para el PP. Se consideran gobernantes natos, y niegan que a la izquierda le asista el derecho a ejercer el poder.

-¿Las mayorías absolutas son nocivas?

-No necesariamente. La situación española sería mejor con el bipartidismo alternante de una formación conservadora y una izquierda mesurada. Así funcionan Inglaterra, Holanda y Estados Unidos antes de la llegada de Bush.
 -¿Es obligatorio recordar que la Segunda República fue un fracaso?
-Al contrario, los mayores logros alcanzados por la monarquía democrática suponen un triunfo póstumo de la República. El caos republicano se debe a la recesión económica mundial, y a la desobediencia de los funcionarios que se niegan a aplicar las leyes aprobadas en Cortes.
 -¿La herida norteamericana equivalente a la Guerra Civil se encuentra en la Guerra de Secesión?  -Ni Vietnam ni Irak son equivalentes, por lo que hay que remontarse a la memoria de nuestra guerra civil, aunque no fue tan cruel como aquí. Todavía hoy, la psicología de los habitantes del Sur de Estados Unidos se diferencia notablemente del resto del país. De ahí se desprende que cicatrizar los miedos y prejuicios causados por un enfrentamiento de ese tipo es cuestión de siglos.
-Desenterrar la memoria histórica garantiza el conflicto.

-Porque a la derecha no le gusta. Sin embargo, es importante para la salud mental del país. La verdad puede resultar penosa, pero hay que conocerla para avanzar. La emoción y el tremendismo de quienes quieren abrir las fosas deriva de setenta años de silencio.
-¿Hay que revisar los juicios del franquismo?
-Bastaría con anular los juicios de la represión contra militares republicanos. Revisarlos sería cuestión de siglos.

-Se hace usted español en plena crisis del concepto. ¿Conlleva esa adhesión la renuncia a su pasaporte estadounidense?
-Tengo doble nacionalidad, porque no permitiré que Bush destruya el amor que siento por mi país natal.
-¿Por qué votan masivamente los estadounidenses a quien usted considera el peor presidente de la historia?

-La primera vez fue elegido por el Tribunal Supremo. Su segunda victoria se basó en su habilidad para transmitir que estábamos en guerra, reclamando lealtad hacia su gobierno. La desilusión del pueblo estadounidense no proviene de un Irak lejano, sino del Katrina, donde pudieron tocar lo que pasaba. Allí se desploma la aceptación de Bush.

-Bush tiene entonces el mérito de haber vendido bien el miedo.

-Eso no es mérito, es pragmatismo. Se ignora dónde se encuentra el enemigo, pero estamos en guerra. Un tercio de los estadounidenses creen hoy que Sadam participó en el 11-S.
 -¿Costará restaurar los derechos humanos maltratados?
-Espero que se recuperen pero, como historiador, sé que el daño hecho por Bush exigirá treinta años de buenos presidentes, así como la firme voluntad de subsanarlo.

-¿Su país se ha fracturado, a imagen de "las dos Españas"?

-La comparación es posible. Hay dos Estados Unidos. Mi país natal cuenta con la ventaja de ser más espacioso que España, al tiempo que su historia es más corta y flexible. Estas circunstancias alivian el problema.
 -¿Un Estado norteamericano goza de más competencias que una autonomía española?
-Es muy distinto. El federalismo norteamericano implica la aceptación por todos los Estados de un gobierno federal. En cambio, la relación bilateral que demandan Cataluña o el País Vasco -y a continuación las restantes autonomías- no significa lo mismo.

-¿Cómo lo llamaría?

-Una confederación.
 -Se define usted como antinacionalista. ¿Comparte las críticas de Mario Vargas Llosa, que acusa de provincianismo a la Barcelona actual?
-Sí, en la vertiente cultural a que él se refiere. El nacionalismo es un problema adicional, que nunca resuelve las cuestiones básicas -trabajo, territorio, ahora el agua en España- y sólo contribuye a exacerbarlas.
 -La construcción europea se ha paralizado. ¿Turquía es Europa?
-Para mí, la clave son las libertades y los derechos humanos, no tengo buena opinión de ningún gobierno que no los respete. En Turquía son violados constantemente, y se convertiría en el país más grande de la Unión. Por tanto, me opongo a su adhesión en las condiciones presentes y en un futuro próximo. Esta negativa no obsta para mantener buenas relaciones económicas y diplomáticas.
 -¿Un historiador tiene derecho a plantearse qué hubiera ocurrido si Hitler gana la guerra?
-Los datos son tan abundantes, que albergo una creencia personal al respecto. Si las democracias hubieran apoyado a la República española en vuestra Guerra Civil, hoy tendríamos un mundo distinto. La Segunda Guerra Mundial no hubiera sido necesaria, porque Hitler se habría dado cuenta de los riesgos en que incurría. Esta hipótesis me parece un contrafactual razonable.

-¿Por qué el abrupto cambio climático parece desarrollarse en una línea paralela a la política, como si no fuera un acontecimiento histórico?

-Hay dos asuntos que me han preocupado a lo largo de mi vida adulta. El primero son las armas nucleares, pues desde Hiroshima sabemos que hay que acabar con ellas. El segundo es el clima. Somos conscientes desde hace décadas de que se debe reducir el consumo de gasolina. Me pregunto si la especie humana será capaz de invertir esa tendencia antes de llegar al colapso. Yo no lo veré, porque soy un hombre mayor.

-Su hija es ecologista, ¿el movimiento verde es la resultante darwiniana de la evolución de la izquierda?
 -Mi hija es ecologista en sentido técnico, una química de suelos moderadamente de izquierdas. Sobre la influencia de los verdes en la política, tengo el inconveniente de padecer una enfermedad ocular desde hace un año. Este handicap me priva de leer los periódicos, y no estoy al día de la marcha del tripartito.  -¿Qué papel juega la música en todo esto?
-Es la gran pasión de mi vida, un contrapunto a mi pesimismo político. Sin la música, no puedo imaginar a la persona feliz que he sido.

-¿Está siendo una buena vida?

-Sí, he tenido mucha suerte con la salud, salvo la apendicitis a los 13 años.

-Y el accidente de tráfico que lo puso al borde de la muerte.

-Tenía veinte años, y escuchaba cómo los médicos se planteaban si sobreviviría a la noche, después me pidieron perdón, por haber olvidado que el oído es el último sentido que se pierde. Desde entonces tengo la impresión de vivir un tiempo prestado, y así he llegado a los 86.
-¿En qué personaje histórico le gustaría reencarnarse?
-En Spinoza o Hume.

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