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Las tres santas

arcoatlantico | 04 Septiembre, 2005 08:09

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Las tres santas:
Santa desvergüenza, santa imposición, santa negación


Aun cuando ya hace más de 30 años que la realidad política, para mí, ya no es una fe dogmática familiar, como lo pueda ser la doctrina de cualquier religión, como la católica (o la disciplina de cualquier secta como cualquier religión o partido sectario), sino un hecho observable y evaluable, cuesta quitarse el prejuicio de la heteroatribución (algunos malintencionados y algunos ignorantes) de ser una persona de derechas y, si me apuran, franquista o, incluso, profalangista. Sin embargo, es cierto que nací y viví, hasta mi juventud, en el seno de una familia profundamente convencida (católica ortodoxa y franquista: ambas cosas solían ir juntas) y profundamente coherente con sus creencias, aun cuando también profundamente pacifista y respetuosa con las otras personas. Consecuentemente tengo muchas experiencias, vivencias y relaciones d’infancia y juventud contrarias a las actuales convencidas de los últimos treinta y pico años.

Ahora que acabo de pasar el verano en el Puerto de todos los veranos de toda mi vida y ahora que vivo en situación de escándalo permanente de la generalización de la corrupción inmoral de los escándalos políticos del PP en todos los rincones de les Illes Balears recuerdo una conversación con uno de mis dos mejores amigos de la adolescencia que me ha explicado el comportamiento político escandaloso de la mayoría de personas del PP, especialmente el propio Aznar, Matas, Zaplana, Aceves, Trillo, Palacio, Arenas, Aguirre, Botella, Agag, Rodríguez,... 

Efectivamente, sólo nos veíamos en verano, pero todos los veranos nosotros tres (yo tenía tres años más que los otros dos) coincidíamos y, prácticamente, nos pasábamos todo el verano juntos, éramos una pandilla de tres dentro de la pandilla superior de unos veinte.

Sería el primer día del verano del 65 o del 66, el primero después del primer curso universitario de uno de mis dos amigos (yo ya había ido a Barcelona dos cursos antes y ahora estudiaba turismo en Palma y mi otro amigo debía estar haciendo el “tercero de Preu”) cuando éste nos convocó a los otros dos a la “plaza de la Iglesia”, bajo los pinos para contarnos “algo importante” de su formación universitaria.

En aquellos años no había universidad en Illes Balears y éramos relativamente pocos los jóvenes que íbamos a la Universidad (los demás habían cursado “iniciación profesional” a partir de los 10 años o, después del Bachillerato superior, hacían Comercio, Magisterio o Turismo). De la minoría que íbamos a la universidad, una inmensa mayoría “iba” a la Universidad de Barcelona, otros iban a la Universidad de Valencia y sólo algunos muy escasos iban a otras universidades como Madrid o Salamanca. Mi amigo, y esto me sorprendió mucho, había ido a la Universidad de Navarra en Pamplona. En la plaza, bajo los pinos, nos contaba que era una universidad del Opus Dei (yo, en aquel entonces, no sabía lo que era el Opus Dei,; luego he sabido que era una secta super sectaria dentro de la otra secta super sectaria y, cuando me dijeron que Aceves -¿o era Trillo?- y Palacio eran del Opus Dei, pienso que, caso de ser cierto, es una sociedad secta satánica, puesto que Satán es el ser sobrenatural antítesis de Dios y Dios es Verdad y Vida, mientras que aquellos apoyaron la mentira y la muerte). Entonces nuestro amigo, con aire de misterio y con una posición de superioridad (hasta entonces la superioridad me la reconocían a mi por ser el mayor. Ahora él acababa de aprobar el primer curso de Derecho en esta universidad, mientras yo ya la había abandonado y el otro amigo aún no había llegado) nos explicó:

“A los pocos días de estar en la Universidad un religioso principal de la Universidad nos llamó y nos dijo: Sabed que vosotros sois un grupo escogido, sois los mejores y, en vuestra relación con el mundo exterior (los demás) debéis aplicar ‘las tres santas’, la santa desvergüenza, la santa imposición y la santa negación”.

La santa desvergüenza, desfachatez o desparpajo, según la intensidad y circunstancia, consistía en que debían proponer su voluntad y propuestas y expresar su militancia sin ningún rubor por vergonzosa que cualquiera de ellas pudiera ser.

La santa imposición consistía en imponer esta voluntad a las otras voluntades que pudieran resultar diferentes (no es cuestión de debatir y consensuar entre distintas propuestas, sino de imponer la propia por ser “la mejor”).

Y la santa negación entendida desde una doble perspectiva, negar las propuestas de los demás si no son coincidentes con la propia (“a los míos con razón y sin ella y a los demás ni agua”) y negar nuestras acciones y responsabilidades, incluso las evidentes, si así conviene. 

Desde entonces, especialmente desde el gobierno de Aznar, la política de los dirigentes populares casi siempre ha tenido estas tres características: cometen los escándalos más graves sin el más mínimo rubor (santa desvergüenza), imponen sus estrategias por erróneas que sean y sin escuchar a nadie (apoyar la política expansionista mortífera vergonzosa de Bus, en contra de todos los criterios restantes, o la implantación de la LOCE en contra de los criterios de todos los demás,... e incluso tienen la santa desvergüenza de pretender imponer al Gobierno todo incluso cuando son minoría), y niegan la explicación y el diálogo incluso en los momentos más graves y urgentes, tanto en posición de gobierno como de oposición (incluso inmediatamente después del gravísimo 11 M el socio del pacto antiterrorista PSOE solicitó la inmediata reunión del pacto –exclusivamente ellos dos, cuando debería ser de todas las fuerzas políticas-, a lo que se negó el PP del Gobierno. Si no era ésta la ocasión para que se reuniese de urgencia el pacto antiterrorista, ¿e qué ocasión lo será?) Estos días en que los múltiples escándalos de los alcaldes del PP en todos los frentes de Illes Balears harían que si yo fuera Matas o Rajoy estaría, muerto de vergüenza, debajo de las piedras, Rajoy va dando desplantes e insultos chulescos al Presidente Rodríguez Zapatero cuando éste le ofrece un diálogo y explicaciones de sus intenciones políticas ante el nuevo curso político (Aznar siempre despreció al jefe de la oposición y nunca le concedió la menor audiencia ni explicación).

Aunque aquella confesión fue el principio de nuestro distanciamiento y final de la íntima amistad, siempre le he agradecido esta sincera información que me ha servido para “explicarme” el por qué de los comportamientos “extraños” de muchos capitalistas y políticos ultras. También sirvió como una de las primeras reflexiones que me impulsaran hacia “la otra orilla”: poco a poco, reflexión tras reflexión, dejé de creer los dogmas irracionales y creí en las verdades evidentes y en las personas humanas (creyentes o no creyentes, pero que procuran la verdad, la vida y el diálogo y rechazan prejuicios, prpotencias, agresiones y violencias), me fui apartando del perfil de San Pablo, quien se cayó del caballo por un deslumbramiento que no le permitía ver bien, para acercarme al de Santo Tomás, “sólo creo aquello que veo con mis ojos y toco con mis manos”, “los míos, con razón y sin ella”, dejaron de ser los míos (ahora, en principio, “todos” son los míos hasta que algunos van dejando de serlo al perder la razón). Y me di cuenta de que mis guiones personales y sociales eran los opuestos a “las tres santas”: procuro no hacer nada de lo que me pueda avergonzar (tengo mucha vergüenza), deseo convencer, que mis argumentos convenzan, pero nunca impongo ningún criterio o voluntad a la fuerza y, igualmente, nunca niego la palabra y la razón a quien me la ofrece o solicita, como nunca niego que yo haya hecho algo que realmente haya hecho, por erróneo que sea. 

Antoni Ramis Caldentey
Psicólogo social
4 de septiembre de 2005
(casi 40 años después de aquella conversación) 

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  "Comunicando -amando- se entiende la gente". ¿Y amenazando? ¿Mediante castigos ejemplares? ¿Agrediendo? ¿Negando el diálogo, el pan y la sal?
 
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