arcoatlantico | 12 Diciembre, 2005 01:15
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En mi bonita farmacia En mi bonita farmaciaANTONIO PIZÁ Diario de Mallorca. 11-12-2005 Legibles, claros, y sin tecnicismos deberán ser en lo sucesivo los prospectos de los medicamentos, según la Ley del Medicamento ya en trámite parlamentario. O sea que tendrán que ser como si dijéramos "en cristiano", mejor aún en aquel "román paladino con el cual suele el pueblo hablar a su vecino", según reivindicación del castellano en sus albores. A primera vista parece una medida práctica y llena de sentido común, pero uno tiene sus reservas al respecto. Quiero decir que si una pócima viene acompañada de un prospecto en lenguaje de la calle, claro y llano, es cosa sin duda de agradecer pero al mismo tiempo será como si fuera a perder un pelín de su "magia", que viene a ser tanto como decir de categoría, prestigio o predicamento. Con lo cual no sería de descartar un paralelo menoscabo de su eficacia, o sea que curaría un poquito menos. Medicina es una carrera que requiere muchos estudios y mucha praxis, pero que además se ayuda en no poca medida de la parafernalia del tratamiento de doctor, se tenga o no dicho grado, la bata blanca y el fonendo, y principalmente de un lenguaje críptico no al alcance de no iniciados. Un poco como los hechiceros de tribu, o los sanadores y curanderos, sólo que esos tres últimos no necesitan ni los estudios, les basta con la parafernalia. Es como las togas y los tecnicismos leguleyos por lo que respecta a la administración de Justicia, así que cabe preguntarse por qué los prospectos de los medicamentos tienen que ser a la pata llana, y las sentencias judiciales no. Y por lo que hace al consumo para qué contar. Quisiera que alguien me dijera en qué lenguaje de fácil comprensión y meridiana sencillez están redactadas las instrucciones de un ordenador doméstico, un grabador-reproductor de DVD, o simplemente la lavadora. Del maldito bricolaje, es que ni mención. Reconozco, eso sí, que para la interpretación y comprensión de los folletos o manuales de instrucciones soy un auténtico negado, aunque no tanto -supongo- como aquel que en un concurso de tontos no lo pudiera admitir por no haber entendido los requisitos de participación. A veces, puede que incluso con frecuencia, divulgación corre parejas con devaluación, y un ejemplo paradigmático de ello sería cuando las misas dejaron de ser en latín. Si el cura oficiante pronunciaba aquello de "ite, misa est" la cosa sonaba a solemne e importante, mientras que, si como ahora, nos dice "marchaos, la misa ha terminado", parece como si nos estuviera talmente echando de la parroquia. Así que igual antes de reformar los prospectos de los medicamentos deberíamos contar hasta veinte, o sea pensárselo dos veces. Lo sí necesario, y así se hizo, era revisar su contenido, ya que más que orientar sobre el producto, el medicamento en cuestión, parecía que estaban promocionándolo, haciéndole la propaganda. Cosa que sucedía aquí en España, a diferencia con la mayoría de otros países. Las propiedades curativas eran magnificadas con exageración y se diría que con cierta temeridad, mientras que los efectos secundarios e incompatibilidades no tenía el tratamiento explosivo requeribles. Ahora los prospectos son muy austeros y parcos en cuanto a efectos terapéuticos, paliativos o preventivos, y por el contrario las contrapartidas son descritas exhaustivamente, como debe ser. Además dicha literatura es periódicamente revisada y puesta al día. El resultado es que ahora hoy la lectura de alguno de esos prospectos parece como si en vez de curarte te estuvieran amenazando con las siete plagas de Egipto. Hay casos en que no sabes si estás tomando un remedio o jugando a la ruleta rusa. Y tampoco es eso, no sé. En cualquier caso, me reafirmo en poner en cuarentena lo del lenguaje llanero y maripuri en los prospectos. Por esos días, obviamente por prescripción facultativa, eso siempre, estoy tomando un medicamento sobre el que leo: "Cada cápsula contiene 22,5 microgramos de bromuro de tiotropio monohidrato equivalentes a 18 microgramos de tiotropio". "La dosis que se libera por la boquilla del dispositivo HandiHaler es de 10 microgramos". ¿No es grandioso? voy y me digo que una cosa así tiene que ser mano de santo, aparte de hacerme titular de una enfermedad imponente, lo cual te favorece mucho la autoestima. En cambio si en el prospecto pusieran "Ese medicamento tiene unas cositas que van bien para la cosa del respirar", ya no sería lo mismo. Y ya no digo si una caja de supositorios en vez de poner introduzcase en el ano, pusiera que te los tienes que meter en el mismísimo. Que además queda una ordinariez. |
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| "Comunicando -amando- se entiende la gente". ¿Y amenazando? ¿Mediante castigos ejemplares? ¿Agrediendo? ¿Negando el diálogo, el pan y la sal? | ||
Antoni Ramis Caldentey, psicólogo humanista i social, es el coordinador de los webs i blogs Arc Mediterrani (catalán) y Arco Atlántico (castellano), Igualmente es miembro de la asociación "Arc humanista de comunicació", todo ello con la intención de intercambiar proyecciones, experiencias, recursos y valores humanistas.
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