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La verdad sobre el genocidio en Ruanda II

arcoatlantico | 05 Noviembre, 2010 00:19

La verdad sobre el genocidio en Ruanda II

Denuncia de S’Olivar de los grandes crímenes en Ruanda y el Congo

(Ver este escrito en el web original

S’Olivar denuncia los grandes crímenes en Ruanda y el Congo

Denuncia de los encubrimientos y complicidades en la ONU y en occidente

Por Juan Carrero Saralegui

A partir del 1 de octubre de 1990, el FPR (Frente Patriótico Ruandés) de Paul Kagame y, en menor medida, el ejército ugandés de Yoweri Museveni han provocado en Ruanda y el Congo los mayores crímenes habidos desde la Segunda Guerra Mundial. Por causa de la violencia directa o por sus consecuencias colaterales, han perdido la vida más de 8 millones de personas. ¿Cómo semejante tragedia puede haber suscitado una atención tan escasa en nuestro mundo, una tragedia en la que durante muchos meses fallecían semanalmente más víctimas que las ocasionadas en Haití por el reciente terremoto? La respuesta es clara: esta tragedia no ha tocado los sentimientos de la gente. Y la clave de ello está en el hecho de que, en este tipo de sociedad que hemos construido, sólo existe y nos conmueve aquello de lo que hay imágenes. Para nuestra gran masa social, una realidad de la que no hay imágenes, que no aparece en nuestras cadenas de TV, es como si en realidad no existiera.

Pero el hecho de que no existan imágenes sobre estos grandes crímenes no es casual. Ha habido y sigue habiendo poderosos intereses internacionales para que esa terrible realidad no llegue a las pantallas de televisión de cada uno de nuestros hogares. Por más increíble que pueda parecer… ¡los mayores crímenes habidos desde la creación de la ONU han sido sistemáticamente encubiertos! Los primeros encubridores son sin duda los mismos ejércitos que han realizado dichos crímenes: en los momentos críticos siempre han impedido metódicamente que cualquier informador, y sobre todo que cualquier reportero gráfico, accediese a las zonas por ellos controladas. Nueve españoles, entre otros miles de personas, fueron asesinados precisamente por ser testigos incómodos de dichos crímenes. A comienzos del siglo XXI, en el corazón más inaccesible de África, los vencedores en este conflicto han conseguido por ahora lo que Adolf Hitler también logró en su momento en el mismo corazón de Europa: ocultar el exterminio. Sólo la derrota del régimen nazi permitió sacar a la luz lo que algunos sabían pero el mundo no quería ver: Auschwitz, Treblinka y tantos otros campos de exterminio existían. Si el ejército estadounidense no hubiese liberado y filmado aquellas montañas de cadáveres, la shoa seguramente se hubiese perdido en las brumas del pasado. Aún documentada gráficamente, muchos la siguen negando.

Aunque el citado encubrimiento por medio de la violencia ha necesitado otro encubrimiento diplomático a nivel internacional. Por desgracia, son también estadounidenses los que hoy lo lideran. No existen imágenes, pero sí abundantes testimonios e informes. Los más importantes de ellos están en posesión de la ONU. Pero permanecen embargados por las presiones y manipulaciones más increíbles, ejercidas sobre todo por Estados Unidos. Sin embargo, el 6 de febrero de 2008 se produjo un acontecimiento que ha marcado un decisivo punto de inflexión: la emisión del auto dictado por un magistrado de la Audiencia Nacional Española, Fernando Andreu Meralles, en el que se decretó prisión para 40 máximos cargos de ese grupo supuestamente liberador que es el FPR. Los delitos que se les imputa son los más graves posibles: genocidio, lesa humanidad, contra las personas y bienes protegidos durante un conflicto armado, integración en organización terrorista y actos terroristas, así como del asesinato de nueve españoles. Se trata de un auto cuyas consecuencias en favor de esos dos pueblos masacrados van siendo cada vez más reales y eficaces. Posteriormente, mediante otro auto del 17 de Febrero de 2009, el mismo magistrado requirió a la ONU algunas de las pruebas que sobre el gran pillaje del Congo obran en su poder.

Hasta el momento el secretario general de las ONU, Ban Ki-moon, no ha atendido la comisión rogatoria internacional. Sin embargo, el Consejo de Seguridad ha emitido un informe en el que acusa a la Fundació S’Olivar, promotora de la querella criminal que dio origen al auto, de financiar a las FDLR, un conjunto de grupos muy dispares que operan en el este del Congo y a los que se quiere hacer responsables de todos los males de la región. Se ha basado en un informe previo de una ONG con sede en Londres financiada por el gobierno ruandés, African Rights. Como denunciaba el senador Pere Sampol en su reciente carta a Ban Ki-moon, las “pruebas” se reducen a un cúmulo de suposiciones, rumores y vaguedades. Todo esto confirma las conclusiones del encuentro del pasado noviembre, en La Haya, de 120 expertos juristas internacionales y abogados en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. Una de sus principales denuncias fue la de la utilización de falsos testigos pertenecientes al sindicato de delatores creado por el FPR. Las intervenciones de estos expertos estaban desarrolladas a partir de las declaraciones de Carla del Ponte, la antigua Fiscal del TPIR apartada de su cargo por los Estados Unidos y el Reino Unido, declaraciones en las que denunciaba las graves manipulaciones de estas dos potencias para encubrir los crímenes masivos del FPR y asegurar así su impunidad. En definitiva, la ONU no sólo no ha atendido la rogatoria del Juez Fernando Andreu, sino que colabora estrechamente con el FPR para desprestigiar e incluso criminalizar a los promotores de la querella criminal.

El FPR está además especialmente inquieto e irritado por el Diálogo Intra Ruandés promovido también por la Fundació S´Olivar, en el que cada vez se están integrando más tutsis relevantes que rechazan la dictadura totalitaria de los extremistas tutsis del FPR. Al tratarse de una iniciativa impecablemente encuadrada en el marco de la no-violencia y al haber recibido el apoyo unánime del Congreso de los Diputados, es muy incómoda para la dictadura ruandesa, acostumbrada a imponerse fácil y sistemáticamente con el kalashnikov y el terror. O como mínimo, acostumbrada a aplastar toda disidencia con acusaciones de complicidad en el genocidio o de apoyo a los genocidas. La historia nos juzgará a todos, pero el día en que esta enorme tragedia ocupe los espacios que se merece en los grandes medios de comunicación, ésta será la página más bochornosa de occidente y de la ONU desde su creación.
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